Vie 19 Dic 2008
Llevo cosa de un mes sin ganas de nada. Ni escribo, ni comento, ni opino, ni juego, ni navego, ni escucho música, ni veo películas, ni hago fotos, ni paseo, ni hago deporte, ni nada de nada.
Supongo que es cosa de mis inconstantes biorritmos que tras un intenso y estresante verano han caído en picado.
Tampoco ha ayudado demasiado que en plena apatía me haya cargado un año más a mi ajada espalda, y es que el hacerme mayor me deprime un poquillo.
Y para colmo de males ahora vienen las navidades, unas fechas que siempre he odiado. No entiendo la alegría que invade a la gente es estas fiestas; tal vez sea porqué yo jamás he tenido el placer de conocer al Espíritu Navideño.
Más poderoso que mi desgana es mi sentido de la responsabilidad, por ello lo único que sí he hecho este mes ha sido mi artículo para la Revista, aunque eso sí, comentando un libro que he leído.
En fin, que los días me van pasando sin vivirlos. Espero recuperarme pronto.


Muchas veces a lo largo de los últimos años he visto como el avión repostaba cuando los pasajeros ya habían subido y esperaban pacientemente la salida. Las azafatas nunca emitieron ningún aviso de seguridad, ni falta que hacía, ¿para qué preocupar al pasaje?. Pero ahora con la psicosis que hay las cosas han cambiado.
Hubo un tiempo, hace años, en que yo era un usuario de las cabinas telefónicas. Eran, como su propio nombre indica, una cabina acristalada con un teléfono público de monedas desde donde podía, con cierta intimidad, realizar llamadas sin que todo el mundo se enterase de las trolas que le soltaba a mi madre porque iba a llegar tarde o las cursiladas que le decía a mi novieta.
No es que me haya sucedido de un día para otro, es algo que va pasando paulatinamente sin que te des cuenta.
Un lugar donde postear mi lucha diaria con la vida en general y con la web “Picafort.net” en particular.