Mar 11 Dic 2007
Ayer le desvelamos a nuestro hijo el gran secreto del Ratoncito Pérez.
Su reacción fue de auténtico júbilo, se alegró muchísimo de poder formar parte del privilegiado grupo de conocedores del secreto. Ahora se siente alguien especial, al que se le ha encomendado la misión de guardar el secreto, que bajo ningún concepto debe desvelar a su hermana pequeña ni a ningún otro renacuajo.

El es feliz con la noticia, en cambio yo, aunque han pasado ya más de 30 años del día en que mi padre me desvelo el secreto, recuerdo perfectamente que me sentí triste. Se cargaron de un plumazo mi ilusión, mi fe en que la magia existía de veras. Tal vez es que yo crecí con Tolkien, Lewis Carroll, Ende, … y la creencia de que todos esos mundos fantasiosos pudieran existir me ilusionaba y daba sentido a mi aburrida vida.
¡Como añoro mis ilusiones infantiles que hacían palpitar alegremente mi triste corazón.!
“Solo las ilusiones nos ayudan a vivir. Un hombre que supiese toda la verdad, debería sentarse al borde de un camino y llorar hasta la muerte. “(Edmond Jaloux)