Vie 8 Feb 2008
Cuando hicieron el sorteo de la mili de tres mil y pico de candidatos sólo a mi y a otros 4 afortunados nos tocó Melilla.
Desde entonces supe que iba a tener fortuna en los sorteos, como así ha sido.
Algo curioso fueron el par de kilillos que me tocaron con las primitivas, precisamente a mí que nunca juego a nada. Pero ya se sabe que da diosa de la fortuna cuando te busca te encuentra.
Mi primo Juanito que llevaba toda su vida jugando a quinielas y primitivas y a quien nunca le había tocado nada va un día y me dice que si quiero hacer una primitiva a medias, digo que sí y nos toca un kilo. Al cabo de unos años se repite la situación y nos vuelve a tocar otro kilillo. Yo no he vuelto a jugar desde entonces (hará 10 años), él sí pero no le ha vuelto a tocar nada.
No voy a extenderme en detalles, ya que son muchos los años vividos y mi ajada memoria ya tiene fallos (no soy como el Putatriat que al hacer recuento se acuerda de todo lo que le ha tocado). Así que os cuento lo último.
Este invierno vamos a Ibiza, cenamos en el casino y luego ha apostar unos eurillos a la ruleta. Éramos doce y sólo yo puse mi montoncito de fichas en el número que quiso a bien la bolita elegir. Un pellizquito.
También este invierno, voy a la cena benéfica contra el cáncer. Fuimos 520 comensales, sortearon un magnifico cuadro de Jordi Poquet que tenía que ser para mí, y lo fue.
La lástima de todo esto es que tener suerte en los sorteos no te proporciona felicidad alguna. Ojala la Diosa Fortuna se acordara de mi en otros momentos.
La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.
Benjamin Franklin (1706-1790) Estadista y científico estadounidense.
Febrero 8th, 2008 at 15:25
Anda, se me olvidó contar mi batallita de la mili. Me tocó la compañía de zapadores y me esperaban 8 meses de colocar minas, desplegar puentes móviles y demás.
Pues en esas que a los tres días me hice daño en la rodilla, me rebajaron y en el botiquín me hice amigo de otro recluta que, atención, era nieto de dos generales y tenía un enchufe de escándalo al Puig Major, no la base de aviación, sino un pequeño destacamento de Tierra, justo debajo de las bolas y que daba al Port de Sóller.
Y como el compañero tenía no sé cuantas alergias y no le convenía nada ir a la montaña, conseguí que me enviaran a mi.
Al final hice unos cuatro o cinco meses efectivos de mili, de 9 a 13, parando media hora para el bocadillo, lunes a viernes, y cobrando 10 veces más que un recluta normal. Diez mil pelas contra mil, no os vayáis a creer que se ganaba un pastón. Tenía que estar allí toda la semana, pero casi estaba como en casa.
Febrero 11th, 2008 at 12:56
Recuerdo que de pequeños la suerte te sonreia cuando los juegos dependían de un dado, pero que de nada te servia cuando había que usar el coco (al ajedrez te machacábamos).