Me alegré mucho de recibir un aviso de Facebook que decía que David Martín me había agregado a su lista de amigos. Imaginaos, yo, el gran luser, ¡amigo del maestro Suki!

Para variar no tenía ni idea de que era eso del Facebook, pero si mi guía internáutico lo usaba a mí no me quedaba más remedio que seguir sus pasos.
Me registré e investigué un poco, y parece ser algo así como una gran red social donde cada uno publica sus datos personales y desde donde puedes hacer una seguimiento de los pasos de cada uno por la red ya que permite poner por ejemplo los blogs donde sueles escribir o las fotos que vas colgando en flickr (todo automático).

La idea es buena, en principio. Lo malo es que está pensado para la gente que ya tiene muchos amigos, no para la gente como yo que no tengo amigos en la red. Mis amigos son unos carcas que pasan de todo esto de los blogs; ellos prefieren charlar en vivo y en directo y comentar las noticias cara a cara degustando una cervecita que es mucho más divertido.

El sistema este tiene un enlace para buscar amigos. Lo he probado con la vaga esperanza de haber si me encontraba con algún viejo amigo del que hubiera perdido la pista, pero ha sido en vano.

Un día el Facebook me ofreció una lista de “gente a la que tal vez conozca” y una de ellas era Kika Poyatos (una joven fascinante que he descubierto hace poco), intenté agregarla a mi lista de amigos, pero como el sistema sólo deja agregar a los amigos de verdad ella no aparece en mi lista.

Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro; como yo tengo un amigo puedo darme por satisfecho.

En resumen, que no sé si a mi me va a servir de mucho esto del Facebook. Supongo que primero debería de dedicarme a hacer amigos y luego ya veremos.