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toni cantarellas¡Al fin lo consegui! Un amigo real ha abierto un blog. Tras dedicarle un par de horitas para explicarle el funcionamiento básico el chaval ya empezó a andar él solito (por descontado está usando el wordpress ). Todavía no puedo soltarle del todo por sus manías de hacer las cosas complicadas y diferentes a los demás; es un fanático de los formatos (colores, fuentes, tamaños, negritas, cursivas…) y eso complica un poco el diseño.

Mi amigo, que se llama Toni, escribe de maravilla (nada que ver conmigo), pero eso sí, la brevedad y los resúmenes no son su fuerte, más bien lo contrario, y es que rebosa conocimientos y no puede parar de hablar/escribir/discutir.

Es periodista e investigador, algo filósofo y poeta, a veces truhán y un poco polemista. Un tipo peculiar que los lectores de la revista de Can Picafort y del foro ya conocen. Es el Sr. Cantarellas, descendiente de importantes Moncadas (flor y nata de la antigua Mallorca Continental).

Si visitáis su blog descubriréis más cosas de este personaje (además de alegrarle el día con vuestra visita).

Miscelánea Toni Cantarellas

repostajeMuchas veces a lo largo de los últimos años he visto como el avión repostaba cuando los pasajeros ya habían subido y esperaban pacientemente la salida. Las azafatas nunca emitieron ningún aviso de seguridad, ni falta que hacía, ¿para qué preocupar al pasaje?. Pero ahora con la psicosis que hay las cosas han cambiado.

Hoy cuando ya estábamos todos sentados he visto llegar el camión cisterna para efectuar el necesario repostaje. En eso que va la azafata y nos avisa de tal circunstancia, rogándonos que apaguemos los móviles, nos desabrochemos los cinturones y que dejemos el pasillo despejado. Todos obedeciendo como borreguitos y acto seguido un silencio sepulcral, aguardando el momento en que se iniciara el incendio y la azafata nos diera la orden de desalojo.

Yo como tengo unas ideas bastantes claras del destino estas cosas no me preocupan ni me inquietan, pero hay muchísima gente que tiene miedo a volar. En todos los vuelos me encuentro gente nerviosa, sudorosa, e intranquila, gente que se santigua y gente que se agarra al asiento y se hiperventila, gente que tiene pánico a volar pero que tiene que hacerlo. Pues bien, ni uno solo de los pasajeros de hoy ha salido pitando por el despejado pasillo en cuanto la azafata ha avisado del peligro que corríamos de morir asaditos. Creo que el terror los habrá dejado petrificados en su asiento, porqué de otro modo no lo entiendo ya que incluso a mi, por un instante, se me ha pasado por la cabeza bajarme ya que me fijado que las azafatas estaban esperando junto a la puerta abierta, prestas para ser las primeras en salir, y eso la verdad no tranquilizaba en absoluto.

Sólo faltó que nos dieran trajes ignífugos para que la situación fuera más absurda.

cabinaHubo un tiempo, hace años, en que yo era un usuario de las cabinas telefónicas. Eran, como su propio nombre indica, una cabina acristalada con un teléfono público de monedas desde donde podía, con cierta intimidad, realizar llamadas sin que todo el mundo se enterase de las trolas que le soltaba a mi madre porque iba a llegar tarde o las cursiladas que le decía a mi novieta.

Era un tiempo en que era impensable que la gente llegara un día a hablar, como idos, sola por la calle pegados a un minúsculo teléfono móvil, un tiempo en que dentro de un bar, un autobús, una consulta, o en cualquier sitio público en general, nadie se hubiera atrevido a mantener una conversación privada a grito pelado, un tiempo en que las conversaciones telefónicas eran íntimas y personales.

El año pasado me encontré con una de esas cabinas, muy parecida a las que yo solía usar, en un estado algo deplorable, mutilada pero viva al fin y al cabo. Pensé que debía estar ante un ejemplar único en peligro de extinción y por ello le hice una foto para el recuerdo. Desde entonces he ido buscando otros ejemplares y no he hallado ninguno.

Lamentablemente esta historia no tiene un final feliz ya que hace unas semanas se cargaron esa último ejemplar de cabina. Así que se acabó, uno más para la lista de especies extinguidas.

Ayer fui a Decathlon con mi mujer y mis hijos. El curso escolar está a punto de empezar y necesitábamos provisiones de deportivas y chándales. Al final, como era de esperar, cargamos más de la cuenta.

Cuando tuvimos la cesta bien repleta mi mujer me dice que mientras yo voy pagando que se va con los niños a la tiende de enfrente. Así que me fui en solitario a la caja.

A medida que le iba dando los artículos a la hermosa cajera ella los pasaba por es escáner y los iba amontonando en el mostrador, y allí se quedaron… sin meterlos en bolsa alguna.

Le pedí amablemente a la cajera, que ya había perdido parte de su encanto, si me podía dar un par de bolsas y va la niña y me responde tan panchamente:
- Ya no damos bolsa
- ¿Y cómo me llevo todo esto? – le pregunto apurado.
- Lo siento, pero por política medioambiental de la empresa ya no damos bolsas.

Pero la mentada política medioambiental no estaba allí para darme una mano para llevar mi compra al coche.
En eso que la cajera, ante mi desespero, me sugiere una solución:
- Si quiere puede comprar una bolsa.
Precisamente junto a la caja había un montoncito de bolsas a la venta, ¡vaya tú que casualidad!

¡Que carajo política medioambiental! Eso era una política economómica pura y dura.
Decia mi abuelo que de pagar a cobrar va el doble. Si aplicamos esta máxima a las bolsas esta claro que resulta más beneficiado el bolsillo del señor Decathlon que el medio ambiente.

En situaciones apuradas me bloqueo y no se reaccionar a tiempo como es debido, así que como un pringadillo, que es lo que soy, compré la bolsa y me marché sin rechistar.

SAN CAYETANO 74_75Cuando recibí un mail invitándome a participar de la celebración del 25 aniversario del fin de nuestros estudios automáticamente pensé que era otro más del correo basura que recibo cada día y por eso estuve a punto de lanzarlo a la carpeta de “spam”. Pensaba (iluso de mi) que yo no podía hacer tanto que hubiera acabado el bachillerato ya que todavía soy un chaval. Pero como el mail mencionaba el colegio donde estudié (San Cayetano) me detuve un instante y le presté atención.

Me lo mandaba Walker, y no tuve que hacer mucha memoria para acordarme de él. Hice cálculos y sí, efectivamente hacía 25 años que acabamos. La cosa iba en serio, no cabía la menor duda.

Gracias a un inmenso trabajo de investigación y mucho empeño, mi amigo Walker junto con el Picó consiguieron contactar con casi todos los antiguos compañeros de estudios y se organizó una cena en la que nos reunimos 50 viejas almas.

Cuando llegué al evento a la mayoría no los reconocí, tan sólo cuando se me presentaban lograba acordarme de ellos. Era terrible ver como el paso del tiempo nos había transformado. Únicamente reconocí a 8 de ellos a la primera sin ningún género de dudas. Por suerte para mi ajada moral viejuna a mi me reconocían casi todos, ¡no has cambiado chaval! me decían, y eso me reconfortaba y aumentaba mi débil autoestima.

Fue un encuentro muy interesante. Recordar como éramos en la escuela y las gamberradas que hacíamos y ver ahora en lo que nos hemos convertido.

Dentro de 25 años tendremos que reunirnos de nuevo (y ya veremos si podremos estar jubilados con una pensión digna).

Y es que ¡25 años no son nada!

Me alegré mucho de recibir un aviso de Facebook que decía que David Martín me había agregado a su lista de amigos. Imaginaos, yo, el gran luser, ¡amigo del maestro Suki!

Para variar no tenía ni idea de que era eso del Facebook, pero si mi guía internáutico lo usaba a mí no me quedaba más remedio que seguir sus pasos.
Me registré e investigué un poco, y parece ser algo así como una gran red social donde cada uno publica sus datos personales y desde donde puedes hacer una seguimiento de los pasos de cada uno por la red ya que permite poner por ejemplo los blogs donde sueles escribir o las fotos que vas colgando en flickr (todo automático).

La idea es buena, en principio. Lo malo es que está pensado para la gente que ya tiene muchos amigos, no para la gente como yo que no tengo amigos en la red. Mis amigos son unos carcas que pasan de todo esto de los blogs; ellos prefieren charlar en vivo y en directo y comentar las noticias cara a cara degustando una cervecita que es mucho más divertido.

El sistema este tiene un enlace para buscar amigos. Lo he probado con la vaga esperanza de haber si me encontraba con algún viejo amigo del que hubiera perdido la pista, pero ha sido en vano.

Un día el Facebook me ofreció una lista de “gente a la que tal vez conozca” y una de ellas era Kika Poyatos (una joven fascinante que he descubierto hace poco), intenté agregarla a mi lista de amigos, pero como el sistema sólo deja agregar a los amigos de verdad ella no aparece en mi lista.

Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro; como yo tengo un amigo puedo darme por satisfecho.

En resumen, que no sé si a mi me va a servir de mucho esto del Facebook. Supongo que primero debería de dedicarme a hacer amigos y luego ya veremos.

Este verano apenas había oído grillos. Pensaba que a lo mejor se estarían extinguiendo, pero no, anoche tuve en casa una mini-invasión de estos bichos.

Como no tenía muy claro si son una especie protegida en peligro de extinción, por si las moscas, me puse mi máscara de Power Ranger y acabé con ellos a pisotones (con cierto repelús, eso si).

Llevo unos días que ya empiezo a estar agobiado con tanta China. Parece como si acabáramos de descubrir a ese inmenso país y sin embargo ha estado presente entre nosotros desde siempre.

Ya de bien jovencitos nos lo jugábamos a los chinos, nos acribillábamos con los tirachinas, nos divertíamos formando sombras chinescas, descubrimos el gran invento de la tinta china encapsulada de los rotrings, los exámenes que no habíamos estudiado nos sonaban a chino, en todas las clases había alguien con ojos achinados apodado “el chino”, nos encantaban las naranjas de la China y el flan chino mandarín, practicábamos torturas chinas (ahora lo llamarían bulling), lanzábamos petardos chinos a las niñas, cantábamos el “chinito tú” de Miliki, a los ingenuos los engañábamos como a chinos, el imaginativo siempre nos contaba cuentos chinos, los lugares lejanos estaban en la Conchinchina, y no tardamos mucho en realizar incursiones al barrio chino donde nos ofrecían chinas de hachís y donde curiosamente nunca encontramos a ninguna china.

En definitiva, que lo chino siempre ha sido una constante entre nosotros, con la que hemos ido creciendo hasta llegar a un punto en que en la actualidad hemos de trabajar como chinos para poder subsistir.

China ha existido siempre aunque parezca un invento del presente.

He hecho un cálculo aproximado de los vuelos que he tomado en los últimos 15 años y me salen 800.

En ninguno de esos vuelos he tenido jamás el más mínimo incidente destacable, por eso esta mañana al coger el avión no debería de haber tenido motivo alguno para la preocupación; pero no ha sido así.

El subconsciente, ese ser incontrolable que todos llevamos dentro, esta mañana al despegar el avión ha acelerado mi corazón, un hormigueo ha recorrido mis brazos y el estómago se me ha endurecido.

Se ve que esto de volar, a pesar de ser el medio de transporte más seguro, da bastante pánico a más de uno y por ello en el vuelo de hoy no han repartido la prensa para evitar el acojone general (según me ha susurrado la azafata).

El Putatriat me pasó un meme, que por lo que entendí se trata de elegir tres cosas (en este caso una música, un arma y un acompañante famoso) partiendo de una situación que se te plantea (en este caso un ataque zombie en un gran centro comercial de EEUU), y escribir una mini historia de todo ello. Ahí va pues mi meme:

Me imagino estando en ese hipermercado repleto de gente, empujando el carrito que siempre tiene querencia a desplazarse a la derecha. En eso que al pasar por la sección de frutas y verduras un pestilente olor a putrefacción invade mi generoso apéndice nasal. En ese momento no le doy mayor importancia al asunto ya que pienso en fruta podrida, pero mi fino olfato me dice que estoy equivocado.

araleJusto en el momento en que empieza a sonar por megafonía el “this is hallowen” de Marylin Mason se me aparecen ante mi decenas de zombies que desprenden un pestilente aroma agrio mezcla de grasa de carnero, sangre coagulada y queso rancio. Parecería una fiesta de disfraces si no fuera por ese apestante olor.

Por suerte ese día voy acompañado por mi querida Arale Chan, un androide perfecto con forma de niña y aspecto inocente que posee una fuerza descomunal (una vez partió la luna de una pedrada). Ella es el arma de destrucción masiva más poderosa que conozco, por tanto no me inquieto por haberme dejado la semiautomática en casa.

Arale me pide que le sujete la mierda feliz que lleva pinchada en un palito y en un plis plas acaba con ellos, no así con la pestilencia que impregna el ambiente que perdurará mucho tiempo.

Pilar RubioY aquí se acaba la historia. ¿Qué quereis que haga con una niña?

Si hubiera estado acompañado por Pilar Rubio posiblemente no me hubiera ido tan bien acabar con ellos (las tetas son poderosas pero no tanto), aunque eso si, el final de la historia hubiera sido mas interesante.

 

Y a ti ¿con qué arma y acompañante te hubiera gustado acabar la historia?

 

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