Jue 14 Ago 2008
Mientras veía la inauguración de los Juegos Olímpicos vinieron a mi mente recuerdos de mi infancia. Me acordé que nos decían que había tantos chinos que si todos saltasen a la vez la tierra se desplazaría de su órbita. El caso es que nosotros, inocentes infantes, nos lo creíamos, y cuando por la tele te enseñaban a cientos de chinos realizando al unísono tablas gimnásticas estabas convencido de que estaban ensayando el gran salto.
El caso es que hoy, después de casi cuatro décadas, me doy cuenta de que nuestros temores no iban demasiado desencaminados. No se cuando sucedió, pero en algún momento debieron de dar ese gran salto, y si bien la tierra sigue en su órbita, lo que es innegable es que al menos consiguieron que se tambaleara.
Los frutos de ese bote los tenemos todos nosotros en nuestra casa repleta de artículos made in China o en los miles de bazares chinos que nos están invadiendo. ¿Habrá alguien que pueda salir a la calle sin llevar encima algo chino? Y es que ¡hasta tenemos hijos chinos!
Como den otro saltito apañados vamos.





Leo en la prensa de hoy que el gobierno tiene previsto poner en marcha un nuevo “plan prever” para los vehículos con más de 15 años de antigüedad, condicionado a la compra de un coche “ecológico” y que el viejo se convierta en chatarra.
En el umbral de los 40 observo a los chavalines universitarios a los que doblo en edad y percibo de golpe esa gran losa que está a punto de aplastarme. Cuarenta inviernos prestos a caer sobre mi maltrecho cuerpo, que poco tiene ya de juvenil.
Ayer estuve en el