Personal


Llevo cosa de un mes sin ganas de nada. Ni escribo, ni comento, ni opino, ni juego, ni navego, ni escucho música, ni veo películas, ni hago fotos, ni paseo, ni hago deporte, ni nada de nada.

Supongo que es cosa de mis inconstantes biorritmos que tras un intenso y estresante verano han caído en picado.

Tampoco ha ayudado demasiado que en plena apatía me haya cargado un año más a mi ajada espalda, y es que el hacerme mayor me deprime un poquillo.

Y para colmo de males ahora vienen las navidades, unas fechas que siempre he odiado. No entiendo la alegría que invade a la gente es estas fiestas; tal vez sea porqué yo jamás he tenido el placer de conocer al Espíritu Navideño.

Más poderoso que mi desgana es mi sentido de la responsabilidad, por ello lo único que sí he hecho este mes ha sido mi artículo para la Revista, aunque eso sí, comentando un libro que he leído.

En fin, que los días me van pasando sin vivirlos. Espero recuperarme pronto.

sin papel
Hoy, sentado en mi trono, en la soledad del cuarto de baño, al darme cuenta de que se había acabado el papel higiénico me he puesto a meditar en las muchas cosas que me molestan y me he dado cuenta de que sin salir del baño la lista ya era bastante larga; ela aquí:

En el cuarto de baño me molesta:

  • que dejen las toallas tiradas por el suelo
  • encontrar pelos en la bañera
  • que apretujen el tubo de pasta de dientes por la mitad
  • que dejen la tapa levantada
  • salir de la ducha y no encontrar una toalla
  • encontrar cabellos en el lavabo
  • que no tiren de la cadena
  • que dejen los cajones abiertos
  • que se acabe el agua caliente cuando me estoy duchando
  • y que quien acaba el papel no lo reponga.

¡Todo ello en apenas 4 m2!

¿Seré un tiquismiquis?

El otro día comentaba que llevo 800 vuelos en 15 años, pues bien, nunca jamás me había olvidado el DNI… hasta ayer. Alguna vez tenía que ser la primera.

Justo cuando iba a embarcar me di cuenta de que no lo llevaba. Me quedé paralizado, como suele sucederme en los momentos de apuro. Pero era cuestión de hacer algo y rápido, que el avión no espera, así que le eché valor y me dirijo a la azafata con mi carita de pena y le digo que no llevo el DNI. Como era de esperar, tal como está establecido, me dijo que no podía subir. Yo entiendo que a un indocumentado no le dejen subir, que en los aeropuertos se han puestos muy quisquillosos, y que era poner en un aprieto a la joven azafata, pero yo tenía que subir como fuera, así que le rogué que hiciera la vista gorda. Mi suplica funcionó, me dejo pasar.

Hasta que estuve sentado en el avión no caí en la cuenta de que a la vuelta volvería a tener el mismo problema. Y si no me dejaban volver la cosa era peor todavía que no dejarme ir. Pero tampoco era cuestión de preocuparse antes de hora, si me había ido bien una vez, podía irme bien otra más. Y así fue, la amable azafata de la vuelta meneó un poco la cabeza, y en un tono maternalista me dijo – venga, sube, y que no vuelva a pasar.

Al final, a pesar del apuro que pasé por mi olvido, el día de ayer fue maravilloso ya que pude descubrir que todavía queda gente maja y amable trabajando de cara al público. Esas piadosas azafatas me alegraron el día.

CalvoNo es que me haya sucedido de un día para otro, es algo que va pasando paulatinamente sin que te des cuenta.
En mi caso no me di cuenta porqué nunca me preocupó en demasía mi aspecto físico; mientras fui joven lo tuve un poco abandonado, pero a partir de los 40 empecé a mirarme en el espejo con algo más de detenimiento descubriendo que irremediablemente me había hecho mayor.

Hace poco me fijé que cada día tengo mas frente (la jodida hace unas incursiones en mi cuero cabelludo que ríete tú del Amazonas y su deforestación) lo cual anuncia una calvicie inminente.

Siempre he tenido presente mi absoluta falta de belleza, pero imaginarme calvo me dio un pavor tremendo por lo espantoso que sería añadir esa planicie a mi espantosa cara. Así que decidí ir al médico.

Fui a un reputado dermatólogo y me dijo que a ver que esperaba con mis años. Me tumbó la moral, pero tenía razón, a quien quiero engañar, soy mayor y debo asumirlo. No existe el elixir mágico de la juventud.

Encima el médico, que tiene mi edad, no luce precisamente una esplendorosa cabellera, así que esperar que me recetara un milagroso crecepelo era algo infantil.

No obstante al final, después de un minucioso examen, me reconfortó al asegurarme que no me quedaré calvo, que la calvicie es algo de los genes y que es inevitable por muchas lociones que se den. En mi caso, está convencido que mis genes son pelones y que no debo preocuparme, ¡ojala así sea!

Me pasa el Putatriat un meme, por llamarlo de alguna manera, con el que se pretende indagar en la personalidad de cada uno. Es un cuestionario muy personal que intentaré responder con la mayor sinceridad posible aunque ello deje en evidencia mi sosería.

  • Pelo : Castaño con entradas incipientes.
  • Ojos : Azules profundos.
  • Mi mejor rasgo : Es invisible para la mayoría de los ojos.
  • Altura : 1,75 y menguando
  • Lentes : No
  • Numero de pie : 43.
  • Edad : 43. Mi defecto es la falta de madurez que requieren mis años.
  • Piercings : No. Los encuentro antiestéticos.
  • Tatuajes : No. Nunca me marcaría de por vida. Aunque hay alguno que me pone.
  • Frase favorita : “Anda, ¡alégrame el día!”. Aunque la que más repito es la de “això está així” una frase de impotencia y resignación.
  • Diestro o zurdo : Diestro. Pero torpe para los trabajos manuales.
  • Un deseo : Ser feliz.
  • Echas de menos a alguien : A nadie.
  • Mayor vicio : Los he ido dejando todos, creo que ya no me quedan.
  • ¿Estás enamorado? : Sí, y ya llevo la tira de años.
  • ¿Con cuanta gente te has liado? : Con la de antes.
  • Novi@ en estos momentos : Sí, bueno concretamente esposa.
  • Amor a primera vista : Sí. Fue un certero flechazo directo a mi solitario corazón de entonces.
  • ¿Amar o que te amen? : Lo ideal es que se den los dos supuestos a la vez, pero si tengo que elegir pues “Amar” que es más fácil.
  • ¿Te rompieron el corazón alguna vez? : No, tan sólo me lo quebraron un poquito.
  • ¿Y tu lo rompiste? : Que va, imposible, rotundamente No.
  • Locura mas grande por amor : Casarme.
  • ¿Una cita ideal? : En cualquier sitio que no haya ni rastro de gente, solos ella y yo.
  • Un lugar : El Masai-Mara
  • Romántico o espontáneo: Romántico no practicante.
  • Películas : Las de Kubrik en general y “La Naranja Mecánica” en particular.
  • Bandas sonoras : Local Hero, La Princesa Prometida.
  • Canción : Los 11 minutos en directo de “Sultans of Swing” que quedaron para siempre retenidos en mi corazón, que palpita aceleradamente de nuevo sólo de recordarlo.
  • Dulces : No tomo. Así estoy de fino.
  • Deportes : Ciclismo. En la actualidad algo abandonado.
  • Bebida sin alcohol : Agua de lluvia, pero una Voss tambien me vale.
  • Bebida con alcohol : Cerveza Tusker.
  • Comida favorita : Macarrones y un buen solomillo poco hecho.
  • Marca favorita de vestir : Hugo Boss, Burberrys.
  • Materia de la escuela : Matemática y Física. Las que no hacia falta estudiar.
  • Animales : En estado salvaje.
  • Libros : El amor en los tiempos del cólera. He leído unos cuantos de mejores, pero a este le tengo un aprecio especial ya que inevitablemente el olor de las almendras amargas siempre me traerá dulces recuerdos de una feliz etapa de mi vida.
  • ¿Besado a un extraño? : No.
  • Tomado alcohol : De joven durante unos 4 o 5 años tomé algún que otro cubata, luego lo dejé para siempre. Ahora sólo tomo alguna cervecita y un poco de vino tinto si la comida lo requiere.
  • Fumado : Nunca, le tengo demasiado aprecio a mis pulmones.
  • Escapado de casa : No. ¿para qué?

Ayer fui a Decathlon con mi mujer y mis hijos. El curso escolar está a punto de empezar y necesitábamos provisiones de deportivas y chándales. Al final, como era de esperar, cargamos más de la cuenta.

Cuando tuvimos la cesta bien repleta mi mujer me dice que mientras yo voy pagando que se va con los niños a la tiende de enfrente. Así que me fui en solitario a la caja.

A medida que le iba dando los artículos a la hermosa cajera ella los pasaba por es escáner y los iba amontonando en el mostrador, y allí se quedaron… sin meterlos en bolsa alguna.

Le pedí amablemente a la cajera, que ya había perdido parte de su encanto, si me podía dar un par de bolsas y va la niña y me responde tan panchamente:
- Ya no damos bolsa
- ¿Y cómo me llevo todo esto? – le pregunto apurado.
- Lo siento, pero por política medioambiental de la empresa ya no damos bolsas.

Pero la mentada política medioambiental no estaba allí para darme una mano para llevar mi compra al coche.
En eso que la cajera, ante mi desespero, me sugiere una solución:
- Si quiere puede comprar una bolsa.
Precisamente junto a la caja había un montoncito de bolsas a la venta, ¡vaya tú que casualidad!

¡Que carajo política medioambiental! Eso era una política economómica pura y dura.
Decia mi abuelo que de pagar a cobrar va el doble. Si aplicamos esta máxima a las bolsas esta claro que resulta más beneficiado el bolsillo del señor Decathlon que el medio ambiente.

En situaciones apuradas me bloqueo y no se reaccionar a tiempo como es debido, así que como un pringadillo, que es lo que soy, compré la bolsa y me marché sin rechistar.

SAN CAYETANO 74_75Cuando recibí un mail invitándome a participar de la celebración del 25 aniversario del fin de nuestros estudios automáticamente pensé que era otro más del correo basura que recibo cada día y por eso estuve a punto de lanzarlo a la carpeta de “spam”. Pensaba (iluso de mi) que yo no podía hacer tanto que hubiera acabado el bachillerato ya que todavía soy un chaval. Pero como el mail mencionaba el colegio donde estudié (San Cayetano) me detuve un instante y le presté atención.

Me lo mandaba Walker, y no tuve que hacer mucha memoria para acordarme de él. Hice cálculos y sí, efectivamente hacía 25 años que acabamos. La cosa iba en serio, no cabía la menor duda.

Gracias a un inmenso trabajo de investigación y mucho empeño, mi amigo Walker junto con el Picó consiguieron contactar con casi todos los antiguos compañeros de estudios y se organizó una cena en la que nos reunimos 50 viejas almas.

Cuando llegué al evento a la mayoría no los reconocí, tan sólo cuando se me presentaban lograba acordarme de ellos. Era terrible ver como el paso del tiempo nos había transformado. Únicamente reconocí a 8 de ellos a la primera sin ningún género de dudas. Por suerte para mi ajada moral viejuna a mi me reconocían casi todos, ¡no has cambiado chaval! me decían, y eso me reconfortaba y aumentaba mi débil autoestima.

Fue un encuentro muy interesante. Recordar como éramos en la escuela y las gamberradas que hacíamos y ver ahora en lo que nos hemos convertido.

Dentro de 25 años tendremos que reunirnos de nuevo (y ya veremos si podremos estar jubilados con una pensión digna).

Y es que ¡25 años no son nada!

Me alegré mucho de recibir un aviso de Facebook que decía que David Martín me había agregado a su lista de amigos. Imaginaos, yo, el gran luser, ¡amigo del maestro Suki!

Para variar no tenía ni idea de que era eso del Facebook, pero si mi guía internáutico lo usaba a mí no me quedaba más remedio que seguir sus pasos.
Me registré e investigué un poco, y parece ser algo así como una gran red social donde cada uno publica sus datos personales y desde donde puedes hacer una seguimiento de los pasos de cada uno por la red ya que permite poner por ejemplo los blogs donde sueles escribir o las fotos que vas colgando en flickr (todo automático).

La idea es buena, en principio. Lo malo es que está pensado para la gente que ya tiene muchos amigos, no para la gente como yo que no tengo amigos en la red. Mis amigos son unos carcas que pasan de todo esto de los blogs; ellos prefieren charlar en vivo y en directo y comentar las noticias cara a cara degustando una cervecita que es mucho más divertido.

El sistema este tiene un enlace para buscar amigos. Lo he probado con la vaga esperanza de haber si me encontraba con algún viejo amigo del que hubiera perdido la pista, pero ha sido en vano.

Un día el Facebook me ofreció una lista de “gente a la que tal vez conozca” y una de ellas era Kika Poyatos (una joven fascinante que he descubierto hace poco), intenté agregarla a mi lista de amigos, pero como el sistema sólo deja agregar a los amigos de verdad ella no aparece en mi lista.

Dicen que quien tiene un amigo tiene un tesoro; como yo tengo un amigo puedo darme por satisfecho.

En resumen, que no sé si a mi me va a servir de mucho esto del Facebook. Supongo que primero debería de dedicarme a hacer amigos y luego ya veremos.

Historia irónica para quien departió conmigo en los años 80.

peluqueriaLlevo toda la vida cortándome el pelo en el mismo sitio, una minúscula peluquería regentada por un solo peluquero, un buen tipo que en un par de años se jubilará, lo cual llevaba tiempo preocupándome ya que eso implica que tendré que buscarme un nuevo peluquero y como odio los cambios eso me tenia inquieto.

El caso pero es que como últimamente está algo achacoso, ese buen hombre se ha buscado un ayudante, y casualmente este último año siempre me ha tocado el ayudante.

La verdad es que el chaval no lo hace nada mal. Supongo y espero que sea él quien se haga cargo de la peluquería cuando Tocado, mi peluquero, se jubile, de manera que el cambio no sea angustioso.

La nota irónica es que mi nuevo peluquero es magrebí.

Creía que lo lograría, pero no pudo ser, al final he tenido que pedir una hipoteca.

Tanto mi mujer como yo llevamos más de 20 años trabajando y ahorrando para comprarnos nuestra casa. Vivíamos de prestado en una casa de mis suegros, lo cual favorecía el ahorro. Pero todo ese gran esfuerzo no ha sido suficiente.

Dentro de nada seremos como el resto de nuestros amigos: tendremos casa e hipoteca.

Y esto va y me pasa justo cuando peor están los intereses.

Hipoteca

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