Personal


Cuando era pequeño después de un frío invierno deseaba con locura que llegara el calor para ponerme en manga corta. Pero mi madre, tan protectora ella, hasta mediados de junio no dejaba que me pusiera la ropa de verano. Siempre me decía “hasta el 40 de mayo no te quitarás el sayo”, y con esas estaba yo esperando ansiosamente ese día. No sé porqué me hacia tanta ilusión eso de la manga corta, y de hecho en realidad tampoco hacía tan bueno como para ir ligerito de ropa, supongo que eran cosas de la edad.

Ahora, muchos años después, me he dado cuenta que a pesar del ya cansino cambio climático el antiguo dicho popular sigue siendo válido. Este año sin que mi madre me sermoneara nada llegué al 40 de mayo con mi manga larga. O sea que no sé si está cambiando algo o no. Y por cierto ¿lo del cambio no era que dejaría de llover?

Lo que no cambia es la ilusión de los niños por la manga corta. Mis hijos nos han dado la cruz todo el mes de mayo con el temita. Mi mujer les ponía manga corta y una chaquetita encima que sin duda alguna se quitaban mucho antes de llegar al colegio y que sólo se volvían a poner por la tarde antes de llegar de nuevo a casa. ¡Bendita inocencia!.

Monjas en la playa
Sea como sea, el caso es que el verano parece que ya llega y lo hace a su tiempo. Hoy ya hace calorcillo de verdad.

¡todo el mundo a quitarse el sayo!

Primera ComuniónMis hijos querían hacer la Primera Comunión y yo que soy tan reacio a estas cosas tuve que ceder a su voluntad.

A cambio de no hacer la Comunión les prometí una gran fiesta sin necesidad de tener que pasar por la Iglesia, pero no aceptaron. Les prometí regalos sin necesidad de tomar hostia alguna, pero tampoco. Querían su Primera Comunión como Dios manda: ella con un vestido blanco y largo como de princesa y él de marinerito. Les dije que a la fiesta prometida podrían ir con ese vestido sin que tuvieran que detenerse primero en el altar; pero no coló. Y tampoco funcionó que les prometiera darles yo personalmente un par de hostias.
¿Que podía hacer pues?

Al final, como era previsible, se celebró la Comunión y mis hijos se lo pasaron en grande, irradiando tal cantidad de alegría que hizo que mereciera la pena cumplir con todo este rollo protocolario. ¡¿Qué no haríamos por ver sonreír a nuestros hijos?!

Dejaré para otro día hablar de religión.

¿Qué hay muchachada?

Mis hijos continuamente me llaman “tonto” y la verdad es que no les falta razón ya que como dijo el sabio Forrest “Tonto es el que hace tonterías” y yo de esas hago muchas.

El caso es que no sabía de quien había heredado ese gen “tontuno” hasta anoche que lo descubrí gracias a la muchachada nui. En realidad yo lo que soy es un “tontiploster”,un ser elegido para preservar la tontería en este insulso mundo.

Ahora que sé lo que soy me esmeraré más para que la tontería no se extinga. Ahora cuanto más tonto me llamen más realizado me sentiré.

SuerteCuando hicieron el sorteo de la mili de tres mil y pico de candidatos sólo a mi y a otros 4 afortunados nos tocó Melilla.

Desde entonces supe que iba a tener fortuna en los sorteos, como así ha sido.

Algo curioso fueron el par de kilillos que me tocaron con las primitivas, precisamente a mí que nunca juego a nada. Pero ya se sabe que da diosa de la fortuna cuando te busca te encuentra.
Mi primo Juanito que llevaba toda su vida jugando a quinielas y primitivas y a quien nunca le había tocado nada va un día y me dice que si quiero hacer una primitiva a medias, digo que sí y nos toca un kilo. Al cabo de unos años se repite la situación y nos vuelve a tocar otro kilillo. Yo no he vuelto a jugar desde entonces (hará 10 años), él sí pero no le ha vuelto a tocar nada.

No voy a extenderme en detalles, ya que son muchos los años vividos y mi ajada memoria ya tiene fallos (no soy como el Putatriat que al hacer recuento se acuerda de todo lo que le ha tocado). Así que os cuento lo último.

Este invierno vamos a Ibiza, cenamos en el casino y luego ha apostar unos eurillos a la ruleta. Éramos doce y sólo yo puse mi montoncito de fichas en el número que quiso a bien la bolita elegir. Un pellizquito.
También este invierno, voy a la cena benéfica contra el cáncer. Fuimos 520 comensales, sortearon un magnifico cuadro de Jordi Poquet que tenía que ser para mí, y lo fue.

La lástima de todo esto es que tener suerte en los sorteos no te proporciona felicidad alguna. Ojala la Diosa Fortuna se acordara de mi en otros momentos.

La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días.
Benjamin Franklin (1706-1790) Estadista y científico estadounidense.

HandballA veces los hijos se nos parecen, y otras para nada.

A mi me hacia ilusión que mi hijo compartiera mis aficiones y como no me fío mucho de los genes he intentado colaborar con la genética en que así fuera, pero sin demasiado éxito.

Creía que lo llevaba por el buen camino hasta que hace un par de meses me dijo que quería jugar a handball.

Estaba visto que el destino es caprichoso. Yo casi ni sabia de que me hablaba, nunca he visto un partido, ni sabía si existía una liga regional, ni conozco a nadie que lo juegue.
Es más, nunca había oído a nadie hablar de este deporte, y mucho menos tenia constancia que por esto lares se jugara al handball (o balonmano que era como se llamaba en mi tiempo). Lo único que sabia era que una de nuestras princesitas se caso con uno que era jugador del Barcelona.

Y como no podía ser de otra manera he tenido que ser yo quien se aficionara a su deporte. Y la verdad es que tiene su encanto y emoción.

Hace una semana empezó la liga. El primer partido lo ganaron, ya veremos como acabarán. De momento esta victoria los/me ha entusiasmado.

Ya veremos en que acaba todo esto, porque la verdad es que no le veo mucho futuro.

¡Año nuevo PGC nuevo!

A mi no me gustan para nada los cambios. Que me muevan el queso me pone de los nervios. Si algo va bien ¿para que tocarlo?.

El año 90 sufrí mi primer cambio en el Plan General de Contabilidad, pero esa vez me cogió con bastantes años menos y todavía me hacían ilusión las novedades.

Ahora el nuevo cambio de contabilidad me ha superado.
Ya estoy mayor y las NICs se me hacen ininteligibles ¿quién las ha traducido?.
¿Por qué diantre han tenido que cambiarle el nombre a las cosas? ¿inmovilizado intangible? ¿instrumentos de patrimonio?

Cambios, cambios y más cambios que hace un mes me traen de cabeza.

Por cierto ¿alguien sabe como coño calcular el valor razonable de las cosas?

Ratoncito PerezAyer le desvelamos a nuestro hijo el gran secreto del Ratoncito Pérez.

Su reacción fue de auténtico júbilo, se alegró muchísimo de poder formar parte del privilegiado grupo de conocedores del secreto. Ahora se siente alguien especial, al que se le ha encomendado la misión de guardar el secreto, que bajo ningún concepto debe desvelar a su hermana pequeña ni a ningún otro renacuajo.
Alicia en el pais de las maravillas
El es feliz con la noticia, en cambio yo, aunque han pasado ya más de 30 años del día en que mi padre me desvelo el secreto, recuerdo perfectamente que me sentí triste. Se cargaron de un plumazo mi ilusión, mi fe en que la magia existía de veras. Tal vez es que yo crecí con Tolkien, Lewis Carroll, Ende, … y la creencia de que todos esos mundos fantasiosos pudieran existir me ilusionaba y daba sentido a mi aburrida vida.

¡Como añoro mis ilusiones infantiles que hacían palpitar alegremente mi triste corazón.!

“Solo las ilusiones nos ayudan a vivir. Un hombre que supiese toda la verdad, debería sentarse al borde de un camino y llorar hasta la muerte. “(Edmond Jaloux)

fredor¡Joder con el cambio climático, hace un frió del carajo!.

Ya me lo dijo mi primo: cómprate ropa de abrigo que este invierno hará frió. Que no, hombre – le respondí yo – que no te has enterado de lo del cambio climático? Acaso no sabes que subirán las temperaturas, que se fundirán los polos y que vamos a sufrir una terrible desertización?

Supongo que algo se me escapó. Seguramente lo del calentamiento global no iba con nosotros, porque aquí en nuestra pequeña roqueta no suben las temperaturas.

Hoy me voy de compras a ver si pillo algún polar, unos calcetines de lana, y …..

Mazinger ZEn el umbral de los 40 observo a los chavalines universitarios a los que doblo en edad y percibo de golpe esa gran losa que está a punto de aplastarme. Cuarenta inviernos prestos a caer sobre mi maltrecho cuerpo, que poco tiene ya de juvenil.

Mis amigos invaden mi buzón electrónico de mensajes subliminales con malintencionadas comparaciones generacionales para que mi moral no levante cabeza. Lo que me fastidia es que tienen razón, por más que me resista, nada tengo ya en común con estos jóvenes de hoy. Me comparo con ellos y nos separa un abismo. Las comparaciones son odiosas, lo sé, y en este caso más. Cualquier parecido entre un joven de hoy en día y yo es pura coincidencia. Ya soy “mayor” y debo aceptar por tanto que los veinteañeros me llamen “señor” y hasta de “usted” los más educados.

De todas formas no les envidio nada , porque al volver mi vista atrás tan solo percibo maravillosos recuerdos de una apacible senda rural que dista mucho de la bulliciosa autopista de alta velocidad por la que circulan los jóvenes actuales.
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Azafatas Air NostrumTodas las semanas viajo a Menorca, y lo peor de todo no es la dura jornada de trabajo, ni el incordiante despertador repicando a las 5 de la mañana, ni el atronador ruido de las turbo-hélices del Dash-8. Lo peor es la música de abordo, esa insoportable banda sonora que nos obligan a escuchar.

En plena era del mp3 resulta que en estos aviones llevan un sistema de música ambiental con sólo 6 canciones pregrabadas. Y desde siempre tienen las mismas, nunca las cambian. Todos y cada uno de los días suena lo mismo. A veces ponen la primera canción y se repite una y otra vez. En alguna ocasión he llegado a escuchar hasta la cuarta, y todas ellas te van taladrando los tímpanos.

Y no puedes optar por escuchar tu propia música, aunque lleves varios miles de canciones en un minúsculo reproductor. La azafata ya se preocupa de anunciar que apaguemos los móviles y mp3.

Últimamente me he dado cuenta de lo que mucho que me ha trastocado esa música machacona. Hace poco ¡me puse a tararear una de esas canciones en plena calle!, y ayer al entrar en una tienda estaba sonando la primera canción del avión y yo inconscientemente apagué el móvil.

Menos mal que la compañía es agradable.

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