Residencia de mayores

Las residencias para mayores están en estos momentos en el ojo del huracán, debido primordialmente a la pandemia que hemos vivido y vivimos todavía, en consecuencia, a la cantidad de fallecidos habidos hasta ahora según las estadísticas y según las informaciones en todos los medios de comunicación. Hechos que están relacionados con la falta de cuidados sanitarios esenciales para los enfermos del coronavirus 19. Al parecer no hay responsables directos de las muertes de esos mayores, de momento, los cuidadores directos no son responsables porque recibían ordenes de sus superiores, los directores/as según el caso de que las residencias fueran privadas, públicas o mixtas, recibían ordenes de los consejos de administración de las empresas concesionarias de dichas residencias, las públicas, del responsable político en cuestión y las mixtas recibían ordenes de ambos, supuestamente divergentes según el color político gobernante.

La responsabilidad personal en nuestro país es muy volátil, desaparece por arte de magia en cuanto se tiene que asumir por alguna razón. El principio fundamental de las residencias no puede ser un cementerio de elefantes, aunque lo parezca, porque están dedicadas a seres humanos y debería de prevalecer el bienestar de las personas que a esas edades son de máxima vulnerabilidad muy por encima de los beneficios económicos, tanto en las públicas como en las privadas. Tendría que ser por ley el servicio sanitario permanente, en la misma residencia y la prioridad si es necesario acudir a un centro hospitalario, cuando la residencia es pública no debe de haber residentes de primera y residentes de segunda según su estado económico y en las mixtas tampoco.

Las residencias privadas están para no perder dinero, un hecho legal hasta cierto punto, aunque supuestamente el servicio que ofrecen será el máximo bienestar garantizado a pesar de tener que cumplir los requisitos legales para ejercer esta función, el régimen interior es de suponer también que corresponde a la propia empresa explotadora y el criterio para decidir la urgencia de los pacientes afectados corresponderá a los principios de prioridad del estado de los enfermos en cuestión y quien tome tal decisión de si un enfermo es necesario que tenga la máxima asistencia ya sea en la misma residencia o su traslado a un centro hospitalario, será el responsable directo de tal acto, visto así, responsables haberlos hay los y son humanos por eso se pueden pedir responsabilidades jurídicas, civiles y/o penales según sea el caso a quienes no han cumplido con su obligado deber de asistencia.

Tener que acabar la última etapa de la vida en una residencia ya de por sí es una mala opción para mucha gente mayor, pero tiene sus matices, los hay que al no tener familia puede que allí estén mejor que solos en su casa, otros estarán porque sus familias no pueden atenderles como quisieran, mayormente por lo frenético de la vida moderna, que no deja margen para la conciliación del trabajo con la vida familiar, también tiene mucho que ver la situación económica de cada uno, que da o quita libertad de elección, aunque la realidad nos dice que ese es el futuro para millones de mayores que terminarán en una residencia. Nuestra generación la gran mayoría, pudimos cuidar de nuestros padres con alguna dificultad en el siglo pasado, luego cuidamos de nuestros hijos, ahora la pregunta es, ¿quién cuidará de nosotros? La respuesta atañe de forma individual a cada uno/a y a sus circunstancias familiares y económicas.

En el confinamiento que hemos pasado puede que hayamos descubierto cada uno a su manera, sensaciones que no conocíamos antes, primero como es la familia que tiene que vivir junta, con tanto tiempo para llegar a descubrir elementos y afinidades que nos han unido más y otras que nos han separado, segundo, hemos conocido de las miles de personas solidarias que han hecho este confinamiento más llevadero y más humano y tercero el gran sacrificio de los sanitarios que con muchas dificultades han hecho que la pandemia no fuera a peor y así salvar el máximo de vidas de los más vulnerables que han sido las personas mayores.

La clase mayor sufre la incomprensión de los políticos, así como de las generaciones más jóvenes en cuanto son considerados seres superfluos destinados a acabar los días según las circunstancias envuelvan su estado, tanto de salud como económico y del cuidado de quienes tienen que cuidar de ellos, por último, su relación sentimental con su familia más próxima, reflexión última, “no debería de olvidarse que todos, todos llegaremos a mayores si no fallecemos antes”                   

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