De críticas, halagos y otras cosas…

Generalizando, no nos gustan para nada las críticas, ya sean personales o colectivas, solo la alabanza y el pasteleo colman nuestro ego, no nos gusta reírnos de nosotros mismos ni que se rían los demás de nosotros, nos gusta criticar al ajeno y reírnos de todo y de todos, pasamos de la mayoría de los consejos que nos dan porque pensamos que sabemos más que el consejero que nos quiere ayudar, todo por una necedad congénita de querer ser lo que no somos, la mayoría de las veces nuestras críticas se basan en supuestos y opiniones que no suelen ser contrastadas, lo que hace que a menudo hagamos el ridículo, ya que quien es objeto de tal crítica nos puede desmontar cualquiera tema que tenga valor para criticar a cualesquiera, la merezca o no.

Padecemos todos esos males y más, eso de siempre, pero ahora con más fundamento,  ya que somos en estos momentos una sociedad cabreada por muchos motivos, por la pandemia que no cesa, por las libertades restringidas, por la dificultades económicas, por la falta de trabajo en condiciones, por la baja calidad de nuestros políticos y su ineptitud para resolver nuestros problemas, mientras ellos viven a cuerpo de rey sin avergonzarse y porque arrastramos desde siempre el buen llamado quijotismo español, que no es el de Cervantes, ese era otro Don Quijote… en cien años hemos cambiado poco o casi nada, la mentira, la arrogancia y la picaresca campan a sus anchas por toda la nación.

Y, a pesar de los halagos, casi siempre bienvenidos, ahora, en muchos casos puede que no lo sean tanto, algún sentimiento de culpa hace que esos no se merezcan en demasía y sea la crítica la que vaya por delante, porque hay mucho irresponsable suelto por ahí, por ejemplo, en la maraña política, gente que le importa un bledo el semejante mientras él esté bien, por eso el gran marrón se lo comen la clase política, aunque les pese por su egocentrismo, la falta de humildad y la falta de sentido común, salvo las pocas excepciones que confirman la regla, es muy difícil encontrar una persona que se dedique al mundo de la política que en aras de hacer frente a su responsabilidad admita cualquier fracaso en su cometido, más bien intentará por todos los medios que tal fracaso sea culpa de otro o de otros y es porque cometer un error en política es sinónimo de flaqueza intelectual y de debilidad de gestión, por eso los políticos siempre están a la defensiva.

Vivimos tiempos difíciles, parece un tópico tener que decirlo, pero es así, lo más terrible de todo es la inseguridad que el futuro nos depara, no se vislumbran buenos augurios, el cambio climático, la economía que no remonta y los poderes económicos que están empeñados en destruir el mundo en que vivimos y obviamente con él a la humanidad, a pesar de que saben en el fondo, que ellos no se salvarán, aunque no lo crean. Ahora bien los ciudadanos de a pie, tendrán que sufrir la ira del poder si éste no puede conseguir su objetivo de ser cada día más rico y más poderoso, y es que la codicia de muchos seres humanos es insaciable y eso nos tiene que llevar irremediablemente a la desaparición de la raza humana de ese maravilloso mundo en que vivimos, que no tiene la culpa de lo mal que lo hemos tratado durante los últimos 75 años, ahora parece que nos hemos dado cuenta de ello y quizás sea demasiado tarde para arreglar las cosas, así que por la cuenta que nos tiene al menos deberíamos de intentarlo. 

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